cigarros en la memoria: hip hip… upmann

cigarros en la memoria: hip hip… upmann

Corría el año 2005. Una tal Angela Merkel acababa de ser nombrada canciller de Alemania, la ley antitabaco se aprobaba en el Congreso y –por decir algo de lo nuestro– se presentaba el diccionario panhispánico de dudas que iba a servir, fundamentalmente, para darle categoría ontológica a nuestras dudas de siempre. No recordamos cómo llegaron a nosotros, ni quién fue el alma benefactora que tuvo a bien proveernos de aquellos tres Magnum 50. Hasta entonces no habíamos fumado ningún H. Upmann. Después fumamos los demás buscando en ellos siquiera la sombra de lo que habíamos probado. Por entonces buscábamos cigarros más pequeños y no nos seducían tanto las Ediciones Limitadas. Era el magnum 50 un Súper Robusto. Era Navidad y estábamos en Madrid. Resultó que aquel cigarro no sabía a tabaco. Era chocolate, caramelo quemado. Los zumos de naranja no saben a naranja sino a zumo de naranja. Y los chicles, y los yogures. El vodka de caramelo sabe a vodka de caramelo. Pero las mejores manzanillas pasadas, por decir algo, saben a almendra, como esto lo hacía a chocolate. Se trataba de una sinfonía de sabores, una fuga en la que diferentes aromas corrían entrelazados, a veces unos llevaban la voz cantante y los otros latían en un fondo de armonía, en contrapunto perfectamente orgánico. Y uno a cada boqueada encontraba unas variaciones de un mismo tema. Entonces quedábamos como arrobados, sobrecogidos por tanta perfección. Fue una hora y media que acabó sin hartazgo pero que acabó para volver a la negatividad de la nada y sellar por siempre en la memoria aquella sinfonía. Las siguientes semanas fueron semanas de asaltos a todas las cavas y semanas de constatación del unánime consenso en la excelencia de ese cigarro, sustanciada en que desapareció. Escuché muchas historias de estanqueros relatando cómo habían vendido las últimas cajas: en uno se nos adelantó un expresidente del gobierno, por minutos. Había bulos en el sector: alguien decía que en Sevilla aún tenían unas cajas. Todo era entusiasmo unánime. Entonces Habanos decidió sacar, como un cigarro regular, el Magnum 50, similar al que fumamos mientras se escriben estas líneas. Pero, estimados amigos, lo que fumamos entonces fue otra cosa.

Si te gusta, compártelo:
Facebook
Facebook
INSTAGRAM