con sancho panza todos están equivocados

con sancho panza todos están equivocados

En las marcas de habanos nos entusiasma el alto tono de sus diseños. Son hermosas sus vitolas, las cajas, los humidores, los tubos de aluminio… nos gusta –con unanimidad preocupante– todo lo que tenga que ver con estos cigarros. Y ya se hablará de ello, pero valga esta introducción para decir que sólo por preservar el nombre “Sancho Panza” habría que perdonar cien años de errores.

Nuestro primer Sancho Panza llegó de la mano de Jesús Llano, de la cava de Cisneros. Era una corona. Era Navidad. Y por entonces pasábamos unos días en el campo, cerca de Segovia. Fumábamos en un viejo sillón color amaranto y desde allí se confundía a lo lejos el horizonte nevado con una incipiente neblina. Aquel cigarro –según apuntamos en su momento– olía a laurel y sabía, consecuentemente, a estofado. “Lentejas”, se puede leer en las notas. Baste decir que no fue el tabaco preferido pero pertenecía a una liga alternativa. Años después en Piegui se nos recomendó los Belicosos, la campana de Sancho Panza. Decía que no era un cigarro muy frecuente y que acababa de abrir una caja. Decía, en fin, que era un puro adecuado a cierto gusto tradicional del fumador de habanos. La experiencia no fue buena. Fumamos los dos cigarros en momentos distintos y en ninguno nos gustaron. Se trataba de la fuerza de terremoto de los habanos pero sin modulación. Desde la primera boqueada se mostraban como un torrente denso e indescifrable, parecía uno de esos picantes que inutilizan el gusto para el resto de la comida. Anotamos entonces que para que ese estilo nos gustara debíamos de tener el paladar de quinquenios de puros. Hoy podemos decir que indudablemente acertamos.

Con estos antecedentes no nos sentíamos muy propicios para seguir con las pruebas. Por eso no mereció nuestro entusiasmo la aparición en 2010 de la Edición Regional de Sancho Panza para España. El Sancho Panza “Quijotes” era un prominente. Se trata de un king size que desde el principio se muestra como es. Cada cual tiene una preferencia con respecto a los cigarros: me atrevo ahora a decir –y ya explicaré por qué–que los asemejados a los churchill –las dobles coronas, los prominentes, por ejemplo– son los mejores tamaños.

Han logrado hacer un cigarro extraordinariamente equilibrado desde principio hasta el fin. Por tener un cepo algo pequeño podrían a aparecer problemas de tiro, sin embargo en las decenas y decenas que hemos fumado no ha salido uno solo malo. Tiene un sabor medio, suave, a vainilla tostada, que es de una extraordinaria persistencia. Es un cigarro que no cansa, que podría durar cinco horas. Se puede disfrutar con un tawny de 30 años, después de comer; o con zumo de naranja –siempre con el latigazo de fino– por la mañana o con un oporto vintage, lleno de fruta, en la merienda. Hay cigarros que tienen un éxito fulgurante y se descubre por la desaparición inmediata de las cavas. Los “Quijotes”, sin embargo, aún se encuentran, quizá porque hicieron más, quizá porque tiene un tamaño que gusta menos, quizá porque todos estén equivocados.

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