de logroño, julio de miguel

de logroño, julio de miguel

Ha habido lugares históricamente importantes en relación con los puros. Sevilla es uno de ellos: basta ver el imponente edificio de la fábrica de tabacos –hoy universidad– para comprenderlo. Otro ha sido La Rioja. No podemos sustraernos a la realidad de que la mitad norte de España ha viajado allí por decenios a abastecer sus casas con los mejores cigarros. Y si ahora no conservan un especial régimen fiscal, mantienen una fantástica cultura del puro y unas cavas más propias de la gran manzana –dicho sea con perdón– que de la ciudad de Logroño.

Logroño tiene el mérito, compartido por tantas ciudades medias del norte de España, de tener una extensa clase media, de no estar en mitad de nada importante, y de conservar unos salarios y unos estándares laborales que permiten una vida relajada y amable. Si uno comete el error de ir sólo unas pocas horas no entenderá por qué masivamente los lugareños no quieran ir a ninguna otra región, ni por qué no echan de menos diez o quince cines más o, por decir algo, ser pioneros en las hamburgueserías de diseño. Cualquier año de estos la UNESCO decidirá que es la mejor ciudad del mundo para vivir, pero nosotros no lo leeremos en ningún periódico.

Allí tiene su cava Julio de Miguel. A 500 metros de la catedral y no lejos de todas las tapas y los riojas de la milla de oro de la calle Laurel. Se trata de una cava familiar, trasladada de padres a hijos. El lugar fue remodelado hace no mucho pero ya conserva el brillo apagado de las reformas que no se hacen para estar a la última sino para durar. Julio resulta ser un riojano de cerca de dos metros, con una voz grave y cavernosa. Él es como su cava y como su misma tierra: seco de primeras, noble de primeras, con ese afecto pragmático que acoge pero a la vez mantiene las distancias en la medida justa.

Julio resulta ser un erudito del tabaco por más que no lo demuestre si no es necesario. Tiene cientos de referencias: todas las cubanas (las nuevas y algunas viejas y/o de colección), pero también hondureñas, palmeras, dominicanas y norteamericanas. Allí donde se haya hecho un buen cigarro él ha estado con Isabel, su mujer. Fue el primero que nos habló de los cigarros de Nat Sherman y quien dio una opinión razonable sobre los cigarros de Nicaragua. Demuestra una constante inquietud por incorporar novedades aunque no le interesa tanto llegar el primero como tener antes o después todo lo que merezca la pena. Habla sólo de lo que ha fumado. Su carácter es la aleación del espíritu de acogida riojana con la ética de los mejores comerciantes.

Allí se guardan los cigarros en las cajas originales por filosofía –pero esto nos daría para mucho y ya lo hablaremos otro día. Entrar en su cava es descubrir decenas de cajas arracimadas unas encima de otras, abiertas en su mayor parte porque son muchas las referencias que se venden por unidades. Y ahí uno elige aquello que le parece interesante con el riesgo de tener que montar una barahúnda cada vez que va. Todo sea por fumar el tabaco en las mejores condiciones.

Con él fumamos nuestros primeros Quintero y resultaron ser puros nada desdeñables para completar un aperitivo de embutidos y unos vinos jóvenes de malvasía y viura que, frente a todos los signos y nuestro terrible escepticismo, resultaron estar bastante buenos. Con el tiempo uno descubre que todos a los que les gusta fumar conocen a Julio, y que nadie, cuando pasa por allí, se perdona una visita a la cava de la calle Juan Carlos I. Hay una camarilla autóctona de fieles, como una familia del cigarro, que acude regularmente a reponer sus cavas y a opinar sobre pelota. Pasan actores de cine y locutores de radio, y una concurrida clientela internacional que cuando viene a España se desvía –ya hemos dicho que Logroño nunca está de paso en el viaje– y continúan con la conversación que iniciaron, quizá, años antes, como esas partidas de ajedrez dilatadas en el tiempo. Es una verdad innegable que, además de ver la virgen de Valvanera, la casa de los Marqués de Riscal y de los hermanos López Heredia, en La Rioja se está muy equivocado si no se pasa por la cava de Julio.

 

Cava Julio de Miguel

Av Gran Vía Rey Juan Carlos I, 43

26002 Logroño

941206673

@LaCavaDeJulio

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