fumar en roma: pasar por fincato

fumar en roma: pasar por fincato

Ya hemos hablado aquí de algunas tabaquerías romanas. Pero también anunciamos que dejábamos pendiente tratar de la principal, Fincato. Se trata de una cava de aspecto sobrio en su entrada, a unos metros de la Piazza Colonna y, por tanto, en un emplazamiento céntrico. En la portada, desde hace algo más de diez años, ya aparece un prometedor “Casa del Habano”. A diferencia de las otros estancos romanos, ésta tiene un horario comercial convencional, no abren a mediodía y cierran puntualmente como si su salvación dependiera de ello. Fincato abrió en los primeros años treinta y pertenecía –al igual que hoy– a la familia Fincato: debemos agradecerles que abrieran una tabaquería amplia y elegante y que apenas hayan hecho reformas –o mejor aún– que éstas no se noten. Roma ha sido desde el siglo XIII bastante inmune a las corrientes arquitectónicas en su sentido más puro y si cada siglo ha dejado ahí sus edificios todos han mantenido cierta idiosincrasia autóctona manifestada, por ejemplo, en ser más hermosos que prácticos. Y debemos agradecerles que la construyeran en su momento sin miedo a los espacios vacíos ni con el temor a parecer quizá poco sobrios. Se trata de un establecimiento forrado de madera, con dos pisos.

Las leyes que limitaron fumar en espacios públicos son anteriores en Italia que en España. Y se las tomaron más en serio que como se toman, por ejemplo, las observancias fiscales: al poco de ser aprobada si te asomabas a algún local medio abierto al público, eras reconvenido por fumar. Sin embargo allí se permite fumar en los clubs de fumadores, y Fincato lo es. Por eso no es extraño que el dependiente, perfectamente elegante, esté fumando una pipa tras el mostrador, con la naturalidad con la que una modelo desfila por la pasarela con un traje de novia.

La planta inferior se dedica sobre todo a los tabacos de pipa, incógnitos para nosotros, pero que, a tenor de los metros cuadrados que ocupan, parecen varios y bien surtidos. Si uno busca cigarros es conducido a la parte superior. Allí también te recibe un señor estirado, con su pipa y una piel lustrosa. La última vez que estuve daba la impresión de haberse dado unas friegas de loción Lloyd. Hablan italiano e inglés, aunque hablan poco y, hablar propiamente, sólo italiano. La planta superior tiene varios sillones en los que nunca he visto a nadie pero que desde luego llaman al dolce far niente. Allí han fumado desde Orson Welles hasta la penúltima monarquía española. Se trata de un salón obligado para cualquier fumador internacional que pasa por Roma. Ahora supongo que venderán a rusos y japoneses pero debo decir –en el apartado de los méritos– que no hay ningún guiño hacia los extranjeros.

La cava está en un lateral. Las cajas están cerradas y venden pocos cigarros cubanos por unidades. Todas las tienen en disposiciones geométricas preciosas. Cuando compras algo en seguida el dependiente reordena las demás –antes de cobrar– para que no haya ni un minuto de inarmonía. Allí tienen cigarros poco frecuentes o desconocidos para España. Fue la primera vez que vimos los cigarros “La escepción”, de los que hablaremos cuando tratemos los cigarros raros. Resultaron ser, propiamente, excepcionales: eran Hoyo de Monterrey pero con un punto subido de fortaleza. Siempre que he ido destacaban los cigarros de cepo fino pero largos. También pudimos tomar unos Montecarlo de Por Larrañaga: excelentes, suaves, bien torcidos. Los mejores 898 de uno fueron comprados allí. El dependiente masajeaba los cigarros y nos pareció verle un gesto de melancolía al dárnoslos, quizá porque no sabía si los íbamos a tratar bien. Tienen otras procedencias y los obligatorios toscanos, pero de ellos ni hablamos.

Cava Fincato

Via Colonna Antonina 34 / 00186 Roma

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