fumar en septiembre: los cigarros de la calle

fumar en septiembre: los cigarros de la calle

La idealidad en el fumar no se consigue con facilidad pero hay que aspirar a ella. Nos gusta el tabaco en el mar y en la montaña y siempre hemos pensado que los puros son para el verano, el Caribe o las islas griegas. Pero no siempre es verano ni lamentablemente siempre estamos en un paraíso. Por temporadas, con frío y lluvia incluso, se puede disfrutar de un cigarro al atardecer, mientras se pasea. Tiene el inconveniente de que uno no puede beber nada en ese trance, pero no podemos triunfar todas las veces.

Ahora que comienza ese dulce declinar que es septiembre, cuando aún nos permitimos cenar fuera y empieza a ser humano hacerlo en una terraza, tenemos que adaptarnos al tiempo y fumar lo más apaciblemente posible. No hay mejor consejo para, pongamos por caso, un martes de este mes, que el de perdonarse la cena y salir a andar con un cigarro. O mejor aún, cenar y salir con él. No existe sistema superior de ordenación de las propias ideas.

El único problema consiste en que uno tenga escrúpulos y le importe que le vea ese vecino tan chismoso, el jefe, el tendero de la esquina, el peluquero o un compañero de recursos humanos. Pero si nos gusta fumar –esta es la buena noticia– no vamos a parecer más raros de lo que ya, sin duda, lo parecemos. Además, piénsese, vivimos en épocas de desinhibiciones: y si no nos daría vergüenza ir tatuados múltiplemente, con ultra shorts vaqueros o con mechas californianas, no debería avergonzarnos ir con un puro.

Llevar un cigarro impone un ritmo lento de paseo y nos hace mucho más contemplativos. A fuerza de mudanzas por Madrid conocemos el barrio de Salamanca, Retiro y Pío XII como mendigos tradicionales. En estos recorridos se aprenden los usos sociales, descubrimos qué es un botellón o un Starbucks, las más populares razas de perros y desde luego las sorprendentes declinaciones de la moda. En este trance es lo más cerca que hemos estado de una bicicleta urbana. Nos gusta pensar sobre algo porque los cigarros nos confieren la mejor distancia con las cosas que meditamos, nos permiten ser justamente audaces. En la calle los puros tienen menor intensidad que sentados en un salón: debe tenerse en cuenta para gastar siempre alguno un punto más fuerte que lo que queremos. Tampoco conviene ser muy aparatoso y por tanto deben evitarse los lanceros y prominentes. Un robusto es siempre el justo medio para la calle.

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