los tabacos de canarias

los tabacos de canarias

Asistimos estos días al prometedor lanzamiento de Kolumbus, una marca de cigarros premium de La Palma, ligados especialmente para el mercado internacional. Esta iniciativa, junto con algunas otras de los últimos años, sirve para dibujar una esperanzadora cartografía de los tabacos palmeros. Escribiremos sobre ellos más adelante, aquí se ofrece una introducción a los cigarros de estas islas.

Lo primero que hay que decir es que harían falta varias vidas para tener un conocimiento cabal de las clases y diferencias de los puros canarios. Todos tienen en común la grandeza de unos nombres que aluden a algo perfectamente serio (Montepalma, Isleños, Dulzuras). A diferencia de los vinos en tetrabrick o de los puros de batalla, muchos de los mejores cigarros canarios conservan la sincera dignidad de quien se sabe en una liga inferior a la de los mejores. Mantienen la honradez de ser un tabaco que no promete más de lo que es. Quizá por esto en Canarias se fuman puros canarios y en las cumbres de Gredos nadie bebe Cumbres de Gredos. Y quizá también por eso la tradición era venderlos en mazos y no en cajas.

Canarias es una de las tierras tabaqueras españolas por excelencia y en la isla de la Palma visitamos Breña Alta y Breña Baja como quien visita Vuelta Abajo. Proverbiales fueron los torcedores canarios y ésta fue una de las tierras que recibió a mediados del siglo pasado las visitas y las esperanzas de los que hubieron de salir de Cuba con la intención de seguir haciendo lo único que sabían hacer.

Otra peculiaridad de los puros canarios es que, por norma general, en esas islas están mucho mejor que fuera de ellas. Atrás quedaron algunas marcas de postín como los puros Condal, unos clásicos de las bodas de nuestros padres, cuando La Palma estaba casi tan lejos como Cuba. La globalización se ha llevado por delante las viejas marcas de puros canarios que tenían más ínfulas. Y sin embargo han permanecido aquellas que han sabido conjugar la modestia de precios con la honestidad de la elaboración. Y todo ello abriéndose a la difícil labor de la mezcla de tabacos de otras procedencias. Es tan barato fumar allí que aún existe el biotipo del fumador de puros diario, del mecánico que lleva uno eternamente colgado en la comisura de sus labios mientras, pongamos por caso, desmonta un carburador. Eso es posible, además, porque aquí todo es al aire libre y por la eterna primavera de su clima.

Por lo general se trata de puros suaves, que se fuman con la naturalidad de quien respira. No saben a miel ni a chocolate ni a almendra. Saben a puro, a ceniza ligera, a tabaco quemado. Son ligeramente aromáticos. Nadie se aturde fumándolos. Son la ligereza de la vida. Son puros tiernos, torcidos antes de ayer, brillantes, con la piel tersa y tirante de un tambor nuevo. Nadie saborea un puro canario, pero nadie puede dejar de fumarlos. Mientras no dejen de ser lo que son, ¡larga vida al puro canario!

Si te gusta, compártelo:
Facebook
Facebook
INSTAGRAM