oak bar, más cigarros en buenos aires (y III)

oak bar, más cigarros en buenos aires (y III)

El Palacio Duhau podría haber albergado el culto a todos los dioses paganos y una academia de vestales. Lo podría haber construido Napoleón. Y sobre todo, podría estar a las afueras de París. Pero está en el barrio de Recoleta, a orillas de los soberbios vinos de Grand Cru, y desde hace unos años es, además, un hotel. Cuando comenzamos a hablar de los clubs de fumadores porteños explicamos que era impensable el dinero que debieron de hacer en los años 20: hoy que terminamos esa serie (Vuelta Abajo, Puro Bistro, Prado y Neptuno) lo hacemos hablando sobre el Oak Bar, uno de los bares del Palacio Duhau – Park Hyatt Buenos Aires, instalado en la riqueza de la gloria tardovictoriana y construido cuando la moda era más Le Corbusier o Lloyd Wright que las columnas con capiteles.

A estas alturas no se puede ocultar ya nuestra absoluta debilidad por estos hoteles en los que uno forma parte de una corriente de orden y gloria arquitectónica. Al subir la escalera de la entrada nos sentimos en el día de la boda o en el del nombramiento como ministro. Por los pasillos de este palacio uno se puede perder pero por fortuna –y este es un asunto muy central– siempre alguien del hotel está dispuesto a ser amable como sólo lo saben hacer en los mejores. Hay una globalización de la educación que nos hace sabernos en casa aunque estemos en Tokyo, en Viena o en Timor Oriental.

El Oak Bar ocupa un espacio reducido de apenas una docena de mesas bajas y tiene el aspecto civilizatorio de los bares ingleses. A cada mesa le corresponden unos sillones como el buen fumar lo exige. Suena un chill out que nos sorprende –precisamente en ese lugar– como lo hubiera hecho que el cóctel del día fuera un tinto de verano. Los camareros son, en cambio, una aleación de nobleza argentina y eficiencia alemana. Podríamos confiar a ellos nuestro patrimonio o la operación de neurocirugía.

Hay una noble botillería: whisky, coñac, incluso armañac (además de los rones y vodkas obligatorios). Alta coctelería: negronis, martinis. Observación: debe evitarse la tónica nacional –es decir, debe evitarse la tónica– mientras siga siendo un refresco azucarado sin rastro de punch amargo. No es un lugar barato. No todos los camareros pueden hablar sobre los cigarros, pero todos resolverán de una forma u otra nuestras dudas. Tienen una pequeña cava con 40 referencias –ni una más, ni una menos. La mitad habanos y el resto nicaragüenses y dominicanos. La selección es buena y ofrece opciones para cada clase de fumador. A nosotros nos parece suficiente para pasar un rato más contemplativo o para conversar con unos amigos. Cuando se han pasado allí varias tardes de lectura se llega a la verdad final: Oak Bar quizá no sea el mejor sitio, pero no iríamos a otro.

Oak Bar – Palacio Duhau – Park Hyatt Buenos Aires

Av. Alvear 1661, Buenos Aires

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