oportos y habanos (II)

oportos y habanos (II)

 

De pequeños nos enseñaron que cada cosa debía estar en su sitio y que había un sitio para cada cosa. Ya como adultos, por correlación sencilla, aprendimos que cada momento tiene su habano y su oporto. Las copas prudentes tras el trabajo, en eso que damos por llamar afterwork, pueden vivirse también en casa. Hace no tanto se llegaba al anochecer y uno se arropaba en una bata o ese sobretodo que nos regalaron en la boda. Entonces se podía encender el cigarro de media tarde –un suave Petit Robusto de Hoyo, un Entreacto de Davidoff o la Pirámide K Azul de Kolumbus, por ejemplo– y acompañarlo con el oporto de los campeones. Ambos, cigarro y oporto, nos ayudaban a sopesar el día, sus tráfagos y circunstancias, y a prepararnos –abrir el apetito, mitigar sus ansias– para ser los más amables en la cena familiar.

Hoy quizá las cosas cambien y uno vuelva, a la vez que su mujer, de auditar varias empresas y  comer una ensalada pseudo-César al mediodía, con los teléfonos centelleando de mensajes. Nada nos impide, sin embargo, cumplir nuestros deberes domésticos mientras nos servimos un tawny en las copas de cristal tallado que nos dejó una tía abuela y boqueamos distraídos con una panetela a flor de labio. Los tawny son entonces los ideales porque nos ofrecen una regularidad –que es un signo de como es nuestra casa– y podemos tenerlos abiertos unas semanas. Para estos menesteres nos gusta el Tawny de 40 años de Burmester. Excesivo para algunos, demasiado alcohólico para otros, perfecto para nosotros. Acompasar nuestros biorritmos, devolverlos al palpitar de los atardeceres, con dedales de este vino será muestra mejor decisión.

Pero podemos hacer algo análogo al volver a casa después de esas cenas de los viernes, cuando no lo damos todo porque no tenemos edad de hacerlo o porque, quizá, a la mañana siguiente juega el benjamín y hay que llevarlo al estadio de, pongamos por caso, el Puerta Bonita. Son magníficos esos treinta minutos que no dedicamos a ver una serie inacabable sino a leer la prensa o a picotear unos versos de Cernuda. El oporto nos reconcilia con el mundo, nos hace olvidarnos de las cosas intrascendentes. Fumamos entonces algo con más carácter. Esos fantásticos serie D nº 6 de Partagás o un Belicoso de Sancho Panza. Serán nuestros cómplices para hacer que las noches no sean oscuras.

Si te gusta, compártelo:
Facebook
Facebook
INSTAGRAM