prado y neptuno, más cigarros en buenos aires (II)

prado y neptuno, más cigarros en buenos aires (II)

A pocos metros del cementerio de Recoleta –y de la plaza Francia– el paseante se encuentra con el escaparate de Prado y Neptuno, muestrario esplendoroso de cigarros, carteles y fotos de tabacos. Se trata de uno más de ese grupo de eminentes clubs de fumadores (aquí hemos hablado de Oak BarVuelta Abajo y Puro Bistro) que hacen de la ciudad de Buenos Aires un locus amoenus para el fumador.

No se puede hablar de Prado y Neptuno y no pensar en el callejero de La Habana y, como una conclusión, en esa geografía sentimental a la que nos remite aquella ciudad. De hecho quien entra en este club se encuentra con un espacio que tiene el aspecto –no deje de observarse el suelo desgastado– de los lugares avejentados por el uso pero dignos por su belleza, señas ambas –en estos años, al menos– de todo lo cubano.

Este club tiene dos pisos. La puerta de la calle hace chaflán y desde ella se accede a un salón. Al fondo resplandecen los brillos de una gloriosa botillería –de las más hermosas de esta ciudad– y de todos los adminículos propios de la labor del cóctel. En nuestra visita nos recibió un acento extranjero, lo cual le confiere un mayor exotismo al local. Porque en realidad –y esta es otra constatación primordial– su decoración no es cubana; es, más bien, un hijo del espíritu de fusión que es la misma Argentina: Prado y Neptuno tiene cosas de Italia, tiene cosas de Cuba, rincones de minimalismo contemporáneo y amontonamientos de un barroquismo antiguo. Por eso se pueden decir muchas cosas de este bar, y todas son ciertas: digamos que es el típico club en el que Hemingway podría estar naufragando en alcoholes pero también su barra parece la de uno de esos locales americanos de los años 20, regentados por orientales y en donde servían cócteles fastuosos con sombrillas de papel y un pianista tocaba “nuestra canción”. Y dicho esto, es más Cienfuegos que Viena.

No deje el visitante de admirar la urdimbre decorativa: las lámparas de mimbre, los fascinantes sillones color marrón franciscano (cómodos como el seno materno), los ceniceros negro lignito, las mesas con forma de gota –y a juego con los sillones. En aquel lugar es lo más cerca que hemos estado de un cartel original de habanos “Troya”. La selección musical es de una arbitrariedad alocada y agradable: tan pronto suena flamenco, como Toquinho o alguna versión jazzística de Guantanamera. Ora un trompeta, ora una sofisticación. Completan la fusión dos vespas situadas como objetos ornamentales.

La cava es preciosa. Extensa y preciosa. La humectación es adecuada. Tienen una sección cubana y otra de diversas procedencias con Aurora, Oliva, Perdomo y alguno más. La selección es reducida pero más que suficiente. De entre los cubanos se puede elegir entre los cigarros más habituales. Allí se pueden comprar los Montecristo, Romeo y Julieta, Hoyo de Monterrey y Cohiba (entre otros), además de una selección de habanos más económicos –Quinteros, por ejemplo.

Las copas son escasas, son lacónicas, son medio trago –pero ese es un mal endémico de aquí si lo que se bebe es bueno. Una cafetera Illy, pequeña, ocupa un extremo de la planta baja. Desconfiamos al verla pero de pronto alguien pidió un café y la sala se inundó del mejor aroma. Porque con las cafeteras las apariencias realmente sí que engañan. No preguntamos la procedencia del café porque no hay que preguntarlo todo. Aquí se fuma con café, y esa es una práctica seria poco extendida en otros lugares. Aunque es muy lógica y adecuada.

El perfil del cliente es joven, y esta es una buena noticia para el sector. Vaqueros y jovialidad. Como es caro fumar acá, los habituales son ejecutivos de agencias de publicidad, emprendedores, empleados de banca de inversión o jóvenes de la clase alta. También público femenino. En Prado y Neptuno hay grupos de fumadores y de no fumadores. El ambiente que reina es informal pero sin extremos. De esta forma es fácil que se solicite al camarero que le elija él un cigarro. Nadie se avergüenza si no conoce la procedencia de una hoja. En cuanto a los puros hay un clima “menos técnico”. Los camareros no te reciben, por ejemplo, fumando y a cambio parecen tener la fisonomía –y la capacidad– para poder arrancarse a bailar cualquier ritmo del caribe. Son amables en extremo, con la modalidad “esta es tu casa”. Y no hay visitante que no se constate que así es, en verdad.

Prado y Neptuno

Ayacucho, 2134, Buenos Aires (Argentina)

www.pradoyneptuno.com (Facebook, @Pradoyneptuno1)

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