vuelta abajo también está en buenos aires

vuelta abajo también está en buenos aires

Buenos Aires es una ciudad amante de los cigarros, y lo es en modo eminente. Fumar en ella es caro pero por encima de otras necesidades les importa vivir bien –y fumar bien– lo cual demuestra una actitud admirable ante la vida. Además la desbocada inflación no es precisamente una llamada al ahorro responsable sino una incitación a un carpe diem del consumo. El visitante puede llegar con el impacto negativo de la prensa internacional; a cambio se encontrará una ciudad con una deficiente –pero muy real– clase media (media-alta), con una arquitectura burguesa y nobilísima. Se encontrará una ciudad limpia, recién duchada por alguna tormenta. Un lugar que ofrece en los días de agosto, en el invierno puro, un clima con el equilibrio húmedo de la primavera de Viena. No hay un solo porteño –desde ministros hasta tenderos– que no atribuya esta temperatura al cambio climático. Es inimaginable –insistimos inimaginable– el dinero que debieron de hacer en los años veinte.

En esta ciudad se encuentran cigarros en muchas tiendas, incluso en las poco especializadas. La humedad del clima hace que los cigarros –aunque sea por accidente– estén siempre conservados óptimamente. Los precios oscilan porque aquí todo oscila. Pero lo más reseñable es que la cultura del cigarro se ha materializado en una serie de clubs de fumadores en los que cada cual puede fumar, beber y disfrutar de la honesta simpatía de esta ciudad. En las próximas semanas hablaremos de algunos de ellos (Puro BistroPrado y Neptuno, Oak Bar) Pero lo conveniente es empezar por el principio: hablaremos de Vuelta Abajo, en el barrio de la Recoleta.

Vuelta Abajo es un distinguido club, con dos sedes en la ciudad. El de Recoleta es el más reciente. Al entrar uno se encuentra con un continente de simpatía, de dulzura en las palabras. De gracia y atención. Y unos sillones donde acampar por horas. El club tiene una cava que, como todo aquí, es desmedida, la más grande que nunca hayamos visto: allí se amontonan geométricamente cajas como si fuera un fabuloso mercado de abastos del cigarro. Hay, sobre todo, puros cubanos y nicaragüenses. Estos segundos en una multiplicidad babélica. Destacan las Joyas de Nicaragua, Plasencia, Turrent, Perdomo y los nunca suficientemente valorados Oliva (los mejores puros, las vitolas más feas). No deben despreciarse los cigarros “Vuelta Abajo” que encargan ellos –con tabaco nicaragüense también– y que son el resultado de no poca experiencia.

De los cubanos tienen variedad suficiente como para no sentirse defraudado, aunque no es la más surtida de las cavas en las que hemos estado. Aun así no hay que llevarse a engaño: es el típico lugar en el que uno puede elegir entre, pongamos por caso, un centenar de referencias las cuales, oh maravilla, se pueden comprar por unidades. No hay muchos sitios así en el mundo donde quedarse a vivir. Lo habitual es que te reciba Iván: habla de los tabacos con una elocuencia propia de quien ha fumado mucho y propia de quien –sobre todo– sabe hablar como un nuevo Pericles. No es invasivo: está ahí para ayudar. Conservan la costumbre tan auténtica de recibirte fumando: animamos al visitante a que guarde esa imagen porque, quizá, sea un gesto de civilización al que le quede poco tiempo.

Vuelta Abajo tiene la feliz concurrencia de grandes almacenes en tiempos de saldos. Son lugares masculinos. Sólo en una ocasión pude ver entrar a una mujer, y resultó ser del propio establecimiento, es decir, amable y atenta. Las conversaciones son educadas pero suelen tratar de política nacional. Abundan las anécdotas de alta picaresca: los contactos, las carreras profesionales de cada cual y las posibilidades en ministerios y embajadas. Aquí todo es picaresca, cada cual a su nivel. Se habla de golf y de pozos petrolíferos. Se bebe whisky y ron. Triunfan los whiskies pálidos pero de persistencia. Aunque uno puede elegir –y comprar– diferentes whiskies escoceses como para retirarse de este mundo y que no le falte nunca uno que llevarse a la boca. A cambio huyen de los que saben a turba o petróleo. Otra buena noticia es que beben amargos con la naturalidad de quien respira: camparis, jagermeister, cynares y el omnipresente fernet. Por fortuna, en fin, Vuelta Abajo también está en Buenos Aires.

Vuelta Abajo. Social Club

Guido 1949 Buenos Aires (Argentina)

http://www.vueltabajo.com.ar/

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